Cientos, miles, millardos de segundos han agolpado frente a mí todos los rostros que gritan y claman por pasar a mi memoria. En silencio tiemblo al pensar que tal vez mi propio rostro mendiga en la puerta de cientos, miles, millardos de personas por entrar a su memoria. Pero respiro hondo y me calmo al pensar que los fantasmas perduran por el tiempo que están dentro de una memoria y las memorias se extinguen y pocas dejan estelas de su presencia.
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