El Diario del Trono gozaba de una amplia popularidad y de una gran demanda, no sólo era los apreciados aromas a lilas, jazmín, sándalo, milflores, ciruelo blanco, almizcle y pino con que venía impregnado el papel de cada día y que daba un toque especial a ese momento de intimidad con el periódico, tampoco era el delicioso eslogan con el cual lo promocionaban, “el mejor laxante para el estreñimiento mental”, ni el copete que proseguía al anterior, “el único diario diseñado para leer en el inodoro”. Su importancia radicaba en que era un diario, pues, que contrarrestaba los vapores intestino-cerebrales, a través de una buena dosis de fragancia y notas peculiares en su ridículez o en lo bizarras. Sabía que era tan leído, que inclusive en ciertas familias de estratos bajos, preferían comprar el periódico a comprar papel toilette y, que una vez explorado servía para las faenas del papel que omitían comprar. Las notas, entonces, no sólo era pan para el pueblo, sino que servía para limpiarse el culo con sus columnistas.
Las noticias eran contundentes: te hacían reir o te daban escaramuzas. Por ejemplo, una vez publicaron la nota de unos campesinos rumanos que en una noche regada por vinos habían hecho el concurso para saber quien era “el más macho de Europa”, comenzaron a darse golpes, luego a correr desnudos en medio de una noche invernal, después uno de ellos para corroborar su condición de varón, con un hacha se cortó un pie, inmediatamente escucharon el sonido de una motocierra y uno de los participantes, con un grito de “miren esto” se cercenó la cabeza, el artículo terminaba con la declaración de uno de sus amigos que aseguraba que cuando niño éste hombre se colocaba las pantaletas de su hermanita y que sin embargo murió como el más macho de Europa. Como se puede observar de ese y muchos otros colores era el Diario del Trono.
En éste día me llama la atención la foto de la portada: una cabrita, al parecer, porque llevaba un velo en su cabeza y a su lado un hombre vestido de esmoquin portando un ramo de astromelias, el encabezado dice, “Hombre se divorcía de su esposa y entabla acción de Tutela para defender su derecho a libre desarrollo de su personalidad, con el fin de que le permitan casarse con su chivito”. Después de la noticia del hombre irlandés que fue a la notaria para escriturar el espacio sideral como propiedad suya, con el proposito de que los EEUU y la extinta URSS le pagarán arrendo por los satélites que tenían en orbita, y de además, desear que la ONU le admitiera en su seno como fundador y dueño de una nueva nación. Leo el artículo con inusitado detenimiento.
“Roque Amaro Semo es un hombre de 47 años que le solicitó el divorcio a su señora Emilia Ibañez DePombo, porque quiere tomar en serio su relación con un macho cabrio llamado Octavio, declarando ‘que de unos días en adelante ha ido reconociendo su condición de homozoofílico, —agrega:—pienso que dicha condición no es para avergonzarse, sobre todo en una sociedad tan civilizada como es la actual, pues sabran comprender que dentro del abánico de tendencias sexuales, la mia también tiene cabida’. Doña Emilia dijo que no tenía nada que declarar al respecto, sólo que todo se había presentado desde que su esposo se puso en tratamiento con el Doctor Octavio Parra reconocido psiquiatra”. Mis tripas ya vacias no me retenían, ni la noticia, era más bien el que Verónica iba comenzar un tratamiento con dicho doctorcito. La hemorroides me saca de las cavilaciones.
Verónica lleva varios días con el doctor Octavio, la he visto más alegre y menos renuente al trato social, sin embargo, hoy se ha aparecido con una perrita cachorrita fila brasilera que se llama Octavia y que a pesar de sus ojitos tiernos trató de morderme los zapatos. Pero, no dejo de pensar en por qué el doctor Parra se la regalaría personalmente. Claro que en el artículo no decía nada sobre el hecho que el doctor le hubiese regalado el cabro al tipo aquel. Pero, cómo fue que una persona que se encontraba en tratamiento siquiátrico pudo terminar cometiendo ese exabrupto y si tal vez, de alguna forma en las terapias mientras indagaba sobre el pasado de su paciente, el doctor descubrió ese extraño gusto por los animales de su mismo sexo. La verdad es que no dejo de pensar en ello, ¿lo animaría a entablar una relación con eso que los sicológos llaman el objeto de deseo? Aunque el informe no diga nada de lo que pasó con el galeno, si la mujer dice que se encontraba en tratamiento con dicho personaje, es porque ella tuvo que haber registrado, aunque inconcientemente tal vez, una mínima relación entre el proceso terapeútico y el cambio de su esposo.
Verónica ha empezado a sentirse cohibida en cuanto a la intimidad conmigo, la he notado renuente como si le molestara que durmieramos juntos, ya sólo quiere mantenerse con la no tan pequeña Octavia y hasta se le ha estado ocurriendo que la chandosa debería tener una camada de cachorritos, ya que yo no le he podido dar lo que ella tanto me ha pedido: un hijo. Hoy por ejemplo, cuando llegué del trabajo, ella en ropa interior estaba durmiendo apechichada con la condenada perra. No la desperté y mas bien me fui para el baño a leer un rato. Los titulares hoy no me dicen nada: El Congreso rehuso darle cavida a la marcha gay que tendría punto de partida en el Capitolio, por razones netamente “cristianas y de moral”, porque según el Jefe de Prensa, no querían ver traseros peludos, mostrados con la generosidad del cuero, ni mucha pluma en los “santos recintos”. Cómo pensar en esto, me preocupa Verónica, ¿será que el facineroso doctorcillo habrá descubierto algo en mi mujer como en aquel hombre del cabro?
No quiero síquiera pensar ver una foto de Sabina vestida de esmoquin con un ramo de flores y a la garosa con un tul a manera de velo en primera plana: “El doctor Octavio vuelve a atacar: ahora es una mujer que pide su derecho constitucional a desarrollar su libre personalidad y le pide a la Corte Constitucional le permita separarse legalmente de su esposo, ‘que a mi parecer era un impotente por no darme mi preciado retoño, además, que la perra de seguro le será más fiel que el otro’. El atormentado esposo sólo atinó a decir que mataría al doctorcito por haberle arrancado a su amada Verónica.”
Escrito por: Oscar Jaibana.
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