Perdóname por hablarte de la libertad,
de ese palacio hecho con sueños y buenas intensiones.
Perdóname por hacerte huir a media noche
cuando los cuervos nictálopes
no respetan para devorar los corazones,
tuve la mejor intensión salvarte de esos feos gusanos
de desesperación que horadan los ojos
y deja ciego todo halito de esperanza...
Perdóname sobre todo por no darme cuenta
que mis lagrimas incubaban esas larvas...
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