Escondido en un aire impregnado de jazmines
con la noche presurosa descendiendo por la montaña
las alas intactas y ebrias de tarde
acaricien el cielo contra el que se recortan.
De pronto el aleteo apesadumbrado
no impulsa mas el grácil cuerpo
y vano es el esfuerzo de aumentar
las contracciones como en parto
el aire quieto, pues, no nos permite avanzar.
la tersa piel de crisálida olvidada
es violentada por dagas saturada de veneno
un ligero coraje parece cabalgar nuestro cuerpo
mientras los tejidos se deshacen por el dolor en su efecto.
Despierto, pero mi corazón sigue atrapado
en la red de tus labios, en la hora de la partida
en fuego la noche se consume en placer e incertidumbre
en fuego la noche se consume en placer e incertidumbre
en el impotente poema que jamás volvió a poseer tu alma.
Bendiciones es entonces la queja de Dios para nuestros besos
tu lejanía, los campos descuidados por el desuso
el tiempo y su guayabo, su tristeza de ebriedad delirante
las lagrimas que alimentan mi amor por tí.
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