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jueves, 31 de marzo de 2011

Los Poetas

Ha veces, veo la yerba y se me antoja que es un bosque
y yo tendido sobre ella como una nube,
me pregunto: ¿algún insecto mirara hacia arriba?
o ¿el que mira para arriba al mismo tiempo mira hacia abajo?
me explico:
cuando miramos la pálida luna miramos hacia arriba,
o ¿miramos hacia abajo?
si estuviera en la luna y mirara la tierra
¿no vería hacia arriba, cuando tú crees que miro hacia abajo?
así mismo los poetas quienes aman a la dama de plata
miran para arriba cuando todos creen que miran hacia abajo.

Hoy, Me duele el Universo

Hoy me duele el universo, me duele su estulta indolencia,
el que piense que es infinito, como los astros y planetas
que también me duelen,
me duele el hombre: hombre tan lleno de esperanza y maldad
me duele su cimiente condenada a la muerte,
me duele la vida, la vida tan bella y tan absurda,              
me duele que sea tan hermosa, ¿por qué?
también me duele la muerte, su insoportable indiferencia,
su apetito insaciable sus fauces abiertas sin tregua alguna,
me duele Dios, tan torpe y tan ajeno, como un anciano que fuma opio,
me duele el diablo tan vituperado, el qué se haya quedado sin maldad,
me duele el sol que aguijonea mis ojos para llamar mi atención al ocaso,
y trata como de meterse por mis poros y como de darme felicidad,
la luna no me duele tanto,
a pesar de su silencio de acero tan distante, como de sabio que escruta,
me duele Juan Esteban, tan pequeño, tan moribundo
me duelen sus padres que se aferran a la esperanza que no se consolidará,
en ese orden:
también me duele mi abuelo, su partida como sombra que se escapa en la noche,
me duele mucho Pablito, su ausencia que aún no sufro,
me duele mi madre que no tuvo el hijo que esperaba,
tantos desvelos, tantas caricias dadas y contenidas, para qué.
(Si Victoria, tu también me dueles, me duele mi ignorante silencio que me privó de tí).
Me duelen los novios porque fingen ignorar que su amor esta condenado,
me duele el tiempo, sucio tiempo, inescrupuloso tiempo
time, time, time, como el golpeteo de una teclas,
profeta de desgracias, estafeta de ausencias, ave de mal agüero
así me duele las piedras y el cielo, como callan y son indiferentes,
su fastidiosa manía de no responder cuando se le pregunta sobre lo eterno.
Me duelo yo, con un duelo de muerte, con una muerte dolorosa
con el dolor del duelo, duelo yo mi muerte.
Me duele el aire que obligo a ensuciarse con el humo de éste cigarrillo,
me duele el perro sin dientes, viejo, que no conoció dueño,
que no tuvo la suerte de sentir unas manos tibias acariciándolo en las mañanas,
que nadie se preocupara de su hambre y de su frío,
y que ahora sólo mira vacío como si esperara la muerte,
si así mismo el indigente, me duele tanto,
mi indiferencia y la tuya también me duelen.
Como te habrás dado cuenta todo me duele, y sí así es,
pero sabes que es lo que más me duele:
el saber que tendré que ignorar todo éste dolor para continuar hacia adelante.